miércoles, 23 de septiembre de 2009

24 de Septiembre Festividad de Nuestra Señora de la Merced

Nuestra Señora de la Merced, Generala del Ejército Argentino


La victoria argentina en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812, es acreditada a Nuestra Señora de las Mercedes. En ella se decidió la suerte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los españoles eran unos tres mil y los argentinos apenas mil ochocientos. Belgrano, puso su confianza en Dios y en Nuestra Señora de las Mercedes, a quien eligió por Patrona de su Ejército.

En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día del combate, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen. El ejército patriota obtuvo la victoria. En el parte que transmitió al Gobierno, Belgrano hizo resaltar que la victoria se obtuvo el día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se habían puesto las tropas.

El parte dice textualmente: 'La patria puede gloriarse de la completa victoria que han tenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes bajo cuya protección nos pusimos ".

El general Belgrano puso en manos de la imagen de la Virgen su bastón de mando. La entrega se efectuó durante una solemne procesión con todo el ejército, que terminó en el Campo de las Carreras, donde se había librado la batalla.



Belgrano se dirigió hacia las andas en que era conducida la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, y le entregó el bastón que llevaba, poniéndolo en las manos de la Virgen y proclamandola como Generala del Ejército.

En 1814, dos años después cuando Belgrano transmite a su amigo, el General José de San Martín, el mando de las tropas unos meses antes de que, éste, comenzara su exitosa "Campaña Libertadora" le recomienda: ...enarbolar la bandera que le entrega y ... "No deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre NUESTRA GENERALA, y no olvide los Escapularios a la tropa"... y, reforzando su pedido, agrega: ... "DEJE USTED QUE SE RÍAN, LOS EFECTOS LE RESARCIRÁN, A USTED, DE LA RISA DE LOS MENTECATOS QUE VEN LAS COSAS POR ENCIMA"...






Oración a la Nuestra Señora de la Merced Generala del Ejército Argentino

A ti recurrimos, oh Virgen Generala de nuestro Ejército, para implorar tu maternal protección sobre nuestra Patria,
No te olvides que en otro tiempo en este suelo y por tu maternal inspiración se izó la bandera celeste y blanca cuyos colores blasonan tu pecho en prenda de la victoria que concediste a tu hijo Manuel Belgrano y a sus hombres -nuestros antepasados- que supieron honrar su uniforme y su juramento de fidelidad en horas aciagas para la Patria.
Oh Virgen y Madre nuestra no son mejores los tiempos que corren, por eso recurrimos nuevamente a Vos para pedirte con fervor que ejerzas el mando que te fuera ofrendado y nos libres de los males que se ciernen sobre nuestra Patria. Que al postrarnos ante tu imagen de Virgen Generala resuene esta unánime aclamación:
Nuestra Señora de las Mercedes ¡Tu eres la gloria de nuestra Patria. Tú eres la honra de nuestro pueblo! Tu la redentora de presos y cautivos, Virgen de la Esperanza! ¡Tu la Generala de nuestro Ejército!

RUEGA POR NOSTROS Y POR NUESTRA QUERIDA PATRIA





San Miguel el Arcángel de Dios (3)



San Miguel el Arcángel de Dios


Por el P. Alfredo Sáenz S.J.

II. MIKAEL, EL GUERRERO

Uno de los aspectos más relevantes de la personalidad del Arcángel es su incansable militancia a favor de Dios y de las cosas de Dios. Su grito inicial: Quis ut Deus, Quién como Dios, impregna todo el sentido de su quehacer. Analicemos los textos de la Escritura que aluden a esta faceta de San Miguel.

1. Mikael en la visión de Daniel

En el capítulo 10 del libro de Daniel encontramos una importante mención del Arcángel. En el año tercero de Ciro, rey de Persia, Daniel recibió una revelación. Se hallaba éste a orillas del río Tigris cuando se le apareció un varón vestido de lino y ceñido con un cinturón de oro puro. Su rostro resplandecía como el relámpago, sus ojos eran como brasas de fuego, y el sonido de su voz era como rumor de muchedumbre (cf. Dan. 10, 1-6).

El personaje había venido para anunciarle la próxima liberación del pueblo elegido. “Pero -agregó- el jefe del reino de Persia se me opuso veintiún días, mas Miguel, uno de los jefes supremos, vino en mi ayuda, y yo prevalecí allí sobre los reyes de Persia. Vengo ahora para darte a conocer lo que sucederá a tu pueblo en los tiempos venideros, pues a estos tiempos se refiere la visión (Dan. 10, 13,14) Y concluyó: “Tengo que volverme luego a luchar con el jefe de Persia y, saliendo yo, vendrá el jefe de Grecia…Nadie me ayuda contra ellos, si no es Miguel, vuestro jefe” (ib. 20-21).

Dos capítulos más adelante, hablando el mismo personaje sobre la liberación final de Israel, profetizó: “Entonces se alzará Miguel, el gran jefe, el defensor de los hijos de tu pueblo, y será un tiempo de angustia, tal como no lo hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Entonces se salvarán los que de tu pueblo estén escritos en el libro. Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la eterna vida, otros para la eterna vergüenza y confusión.” (Dan. 12, 1-2).

Hagamos un breve análisis de estos diferentes textos.

- En ellos se atribuye un jefe al reino de Persia, al reino de Grecia, y al pueblo de Israel. No parece que estos jefes sean hombres puesto que, por una arte, el jefe del reino de Persia es distinto de los reyes de Persia, y por otra, Israel nunca tuvo por jefe temporal a ningún hombre con el nombre de Miguel. Lo que pretenden que “el jefe del reino de Persia” es Ciro, olvidan que ese príncipe no fue un jefe sino un rey, título que el profeta no deja de darle cuando a él se refiere (cf. Dan. 1,21; 10,1). Los Padres casi unánimemente ven en estos jefes de los Persas, de los Griegos y de los Israelitas a ángeles encargados de velar sobre sus respectivos pueblos (16)

- Mikael es llamado sucesivamente “uno de los jefes supremos”, luego “vuestro jefe”, en relación con el pueblo al cual pertenece Daniel, y finalmente “el gran jefe” desde el punto de vista de la protección de Israel. De lo cual se desprende que ocupa un rango elevado en la jerarquía de los ángeles y que fue especialmente encargado por Dios para cuidar del pueblo elegido (17) Hay que agregar, sin embargo, que a los ojos de los judíos, el título de “jefe” atribuido a Miguel en nada obstaba a que Dios fuese considerado como Señor supremo y protector inmediato de Israel (cf. Eccle. 17, 14-15).

- El texto de Daniel muestra que los ángeles prepuestos a las naciones ejercen activamente su ministerio. El ángel de Persia se opone durante veintiún días a un designio cuya ejecución parece deseable. Este designo no puede ser otro que la liberación del pueblo elegido, anunciada en esta visión del profeta. El ángel Miguel es el único que defiende el plan de Dios.

- Finalmente el contenido y contexto de todo el capítulo 12 es escatológico. Se habla claramente del “fin” (v.6), del “tiempo venidero” (vv.4.9), del “tiempo de abolición del sacrificio perpetuo y del tiempo de la abominación de la desolación” (v.11), en el cual “un gran número errará y la iniquidad se acrecentará” (v.4) (18)

2. Mikael en la visión del Apocalipsis

La segunda imagen “guerrera” de Mikael nos la ofrece el capítulo 12 del Apocalipsis.

“1. Apareció en el cielo una señal grande, una Mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas, 2 y estando encinta, gritaba con dolores de parto y ansias de dar a luz. 3. Apareció en el cielo otra señal, y ví a un gran Dragón de color de fuego, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre las cabezas siete coronas. 4 Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo y los arrojó a la tierra. Se paró el Dragón delante de la Mujer que estaba a punto de dar a luz, para tragarse a su hijo en cuanto lo diese a luz. 5 Dio luz un varón, que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios y a su trono. 6 La mujer huyó al desierto, en donde tenía un lugar preparado por Dios, para que allí la alimentasen durante 1260 días.

7 Hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles peleaban con el Dragón, 8 y peleó el Dragón y sus ángeles, y no pudieron triunfar ni fue hallado su lugar en el cielo. 9 Fue arrojado el Dragón grande, la antigua Serpiente, el Diablo o Satanás, como se lo llama, el seductor de todo el mundo, y fue precipitado en la tierra, y sus Ángeles fueron precipitados con él. 10 Oí una gran voz en el cielo que decía: ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque fue precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios de día y de noche. 11 Pero ellos le han vencido por la sangre del Cordero y por la palabra de su martirio, y menospreciaron su vida hasta morir. 12 Por eso, regocijaos, cielos y todos los que morís en ellos. ¡ Ay de la tierra y del mar! , porque descendió allí el diablo animado de un gran furor, por cuanto poco tiempo le queda…17 Se enfureció el Dragón contra la Mujer y se fue a hacer la guerra contra el resto de su descendencia, contra los que guardan los preceptos de Dios y tienen el testimonio de Jesús”.

Era conveniente citar “in extenso” este importante texto para ubicar mejor la acción de Mikael en su contexto.

- Se habla ante todo de una Mujer. Es María, según algunos autores, que da a luz al enemigo moral del Dragón. Es la Iglesia, según otros, la primera creatura en la intención del Creador; vestida de sol, porque la Iglesia es como el reflejo de Dios, revestida de gloria divina; rodeada de doce estrellas: las doce tribus, los doce apóstoles, sufre dolores de parto.

-Frente a ella, el Dragón, que asecha al Hijo recién nacido, el Mesías, destinado a apacentar a las naciones, con la intención de devorarlo. Pero el Mesías, después de su Resurrección, es llevado al cielo. Y la Mujer -la Iglesia- huye al desierto. El Dragón de nuestro texto no es otro que la “antigua serpiente” del paraíso, caracterizado con rasgos repugnantes (19). Las estrellas que barre del cielo son los ángeles que arrastró consigo en su caída. La lucha apocalíptica entre la Mujer y el Dragón recuerda el episodio primordial del Génesis (20).

- En tercer lugar aparece Mikael el cual libra una batalla victoriosa contra el Dragón. Satanás se había dirigido primero contra Cristo. Mikael interfiere, enfrentándose con Satanás, el seductor de todo el mundo, “el que acusaba delante de Dios” (se alude a Job 1,6 ss.) “Hubo una batalla en el cielo”. Este combate representa el antagonismo perpetuo entre los ángeles buenos y los ángeles malos. Tal antagonismo siempre actual data del comienzo; en un momento dado hubo una escisión en el cielo. Y los ángeles malos fueron precipitados de las alturas, perdiendo su puesto espiritual junto a Dios. Gracias a la Redención, Satanás fue radicalmente derrocado como “príncipe del mundo” (cf. Jo. 12,31) Por eso Cristo, al ser informado de los primeros éxitos obtenidos por sus apóstoles, exclamó: “Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lc. 10,18). En nuestro texto los cielos ven la caída de los ángeles como terminada; por eso se canta desde ya el himno de triunfo; “Ahora llega la salvación, el poder, el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo”. Es también el himno de los mártires, que en Cristo han vencido a Satanás. Sin embargo al Dragón se le concede un corto plazo, en el cual se ensañará más y más con la Iglesia, con los miembros de Cristo. (21)


Esta batalla campal se despliega, pues, en tres momentos, uno de ellos en el cielo y los otros dos en la tierra. En el cielo: la batalla termina con la derrota del Dragón por intervención de Mikael; en la tierra: persecución de la Mujer, sin alcanzarla, y persecución contra la descendencia de la Mujer, es decir, los fieles de todos los siglos. El Apóstol muestra que la culminación de esta tercera fase no será diferente del desenlace de las dos primeras. El Dragón, será vencido. De esta manera la visión del capítulo 12 fija el conflicto en el tiempo presente, pero relacionándolo con el combate de siempre. Como si el tiempo careciera de espesor. De la lucha inicial entre los ángeles, que precede indudablemente el curso de la historia humana, se pasa sin transición al último combate; más aún, el mismo acto parece ser simultáneamente el combate del comienzo y el combate del fin. El pecado del demonio es siempre el mismo, un pecado contra el Verbo encarnado y la Iglesia. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis. (22)

El hecho es que nuestro héroe, Mikael, cumple un papel principal a lo largo de esa siempre retomada lucha cósmica. Frente al reiterado Non serviam demoníaco opone su incesante Quis ut Deus.

En una de sus homilías escribe sobre él San Gregorio: “Cuántas veces se obra algo de un poder maravilloso, se ve que es enviado San Miguel para que por la obra y por el nombre se dé a entender que nadie puede hacer lo que puede hacer Dios. Por eso a aquel antiguo enemigo que aspiró, en su soberbia, a ser semejante a Dios, diciendo: Escalaré el cielo; sobre las estrellas de Dios levantaré mi trono; me sentaré sobre el monte del testamento al lado del septentrión. Sobrepujaré la altura de las nubes; semejante será al Altísimo (cf. Is. 14, 13.14); cuando al fin del mundo, para que perezca en el definitivo suplicio, será dejado en su propio poder, preséntasele como que ha de pelear con el arcángel San Miguel, según se dice por S.Juan : Trabose una batalla con el Arcángel San Miguel (Ap. 12,9), para que aquel que se había engreído, soberbio, hasta hacerse semejante a Dios, aprenda, derrocado por San Miguel, que nadie debe levantarse soberbio hasta hacerse semejante a Dios(23)

Vence, pues, Mikael. Satanás es derrotado. Y “no fue hallado el lugar del Dragón en el cielo”; lo cual concuerda con el “encadenamiento de Satanás” de que se habla en el mismo Apocalipsis (24). “Fue precipitado”. No está ya en la esfera celeste, junto a Dios. Esta visión fusiona las derrotas sucesivas del demonio y de sus malos ángeles: la del comienzo de la creación, cuando los rebeldes fueron privados de la visión de Dios, y la del fin de los tiempos, que sellará su condición terminal. Entre estas dos derrotas resta una alternancia misteriosa de etapas de poder y de impotencia (25) .Pero Mikael tendrá la última palabra. Como escribe Santo Tomás “La esperanza que el diablo tiene en lo que toca a la subversión de los santos, se verá frustrada: y en el día del juicio, él, con todos sus secuaces, a la vista de los santos, será precipitado en el infierno” (26)

La liturgia al conmemorar la fiesta de San Miguel hace suya esta visión del Apocalipsis, citando con frecuencia los distintos versículos del capítulo 12 (27), y llama al Arcángel, “príncipe invicto de la cohorte celestial” (28)





3. Mikael en II Tesalonicenses

En la epístola a los Tesalonicenses hay un texto que ha sido interpretado por algunos exégetas a favor de San Miguel. Hablando el Apóstol de la Parusía de Jesús al fin de los tiempos, dice: “Que nadie os engañe en modo alguno, porque antes ha de venir la apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo…Y ahora sabéis qué eslo que le retiene hasta que llegue el tiempo de manifestarse. Porque el misterio de iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado del medio. Entonces se manifestará al inicuo, a quien el señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida.” (II Tes. 2, 3-4. 6-8) .

Es difícil determinar lo que significa la frase “el misterio de iniquidad está ya en acción”. Parece tratarse de la obra satánica en sus diversas manifestaciones conforme a Ef. 2, 1-2. Este misterio de iniquidad no se reduce tan solo a una fuerza individualizada a un anticristo concreto, sino que, conforme a la literatura apocalíptica, abarca más bien lo colectivo y lo individual. Así en I Jo. 2,18 se dice: “Vosotros habéis oído que va a venir un anticristo; pues yo os digo que ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual conocemos que ésta es la hora postrera”, y más concretamente en 2 Jo. 7: “Muchos impostores han surgido en el mundo: los que no confiesan que Jesucristo ha venido en la carne; éste es el impostor y el anticristo”. El Anticristo es, pues, la síntesis de todos los falsos doctores que, a lo largo de la historia, adulteran el evangelio. Lo cual no excluye que al fin de los tiempos el Maligno logre expresarse de manera suprema en la actividad de un hombre que sería como la “encarnación” de Satanás.

Frente a este “mysterium iniquitatis”, dirigido por Satanás y encarnado por el Anticristo, se levanta algo que frena o retiene (katéjon) su plena manifestación. Para que el “inicuo” entre públicamente en escena, es menester que un “obstáculo” sea previamente apartado. Se habla de lo que retiene (vers. 6: to katéjon, neutro) y el que retiene (ver. 7: ho katéjon, masculino). ¿Trátase de algo colectivo o de un individuo particular? Varias son las hipótesis que se han adelantado y cuya presentación excedería nuestro intento (29).

Expongamos, sin embargo, una de las posibles interpretaciones que pertenece al P. Prat. Según este autor, el pensamiento de San Pablo debe ser interpretado según las categorías de la escatología judeo-cristiana. Con Daniel en el Antiguo Testamento, y San Juan en el Apocalipsis, San Pablo describe acá una lucha entre el Bien y el Mal cuyo teatro principal es el mundo invisible y celestial, pero que tiene tam,bién su repercusión en la tierra. . Hemos visto ya cómo en el texto citado del Apocalipsis el Dragón era asimilado a la antigua Serpiente, a Satanás, el Seductor de toda la tierra, el Perseguidor, frente al cual y a su milicia demoníaca se presentaba otro personaje, San Miguel, quien, al frente de los ángeles buenos, derrotaba a la legión enemiga. En el texto de Daniel que comentáramos anteriormente, San Miguel aparecía también como jefe y tutor del pueblo de Dios, abrazando la causa de la nación santa, principalmente en una época de gran tribulación, previa a resurrección de los muertos. Además, como ya dijimos, la tradición judaica, en sus apócrifos, siempre atribuyó a a San Miguel la defensa del pueblo de Dios. Y si todo esto es así ¿por qué no admitir que en el texto de Tesalonicenses compartía San Pablo tales conceptos? Según él, el Inicuo logra realizar prodigios y seducir porque, en última instancia, es Satanás quien le comunica su poder. La iniquidad de este mundo es presentada como repercusión de la iniquidad del mundo invisible. No parece, pues, fuera de propósito que el Apóstol haya señalado como aliado de la Iglesia a un tutor invisible: el Obstáculo que el Maligno encontraría a lo largo de los siglos sería, pues, un poder angélico, el Arcángel San Miguel (obstáculo masculino: ho katéjon) y su ejército de espíritus buenos (obstáculo neutro: to katéjon) (30).

De modo que el Arcángel, el mismo que luchó contra el “príncipe de Grecia” y el “Príncipe de Persia” (personificación de los poderes gentílicos históricos que se oponen a la implantación del “reino de los santos”, según Daniel), y que combate sin cesar contra “el Dragón (como aparece en el Apocalípsis), sería también el que retiene o “contiene”, con una fuerza sobrenatural superior, la manifestación total del enemigo (31)

Un último dato. Allí donde nuestro texto dice: “Entonces se manifestará el inicuo a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca”, comenta Santo Tomás: “lo matará “con el aliento de su boca”, esto es, por mandato suyo, porque Mikael lo matará en el monte de los Olivos, desde donde Cristo ascendió a los cielos: así como Juliano fue aniquilado por la mano de Dios” (32)

4. Mikael, custodio de la Iglesia militante

El profeta Daniel fue el primero que, en el texto más arriba incluido, atribuyó a los ángeles la custodia de las naciones, y a Miguel en particular, la guardia del pueblo elegido (33). Santo Tomás lo enseña con toda claridad: “Al ángel Miguel le fue encomendado el pueblo judío” (34). Y como la Iglesia -nuevo pueblo elegido- ha sucedido al pueblo de Israel, es natural que Mikael haya pasado a ser el patrono de la Iglesia (35). Santo Tomás hace suya esta idea al tratar de los ángeles custodios. Allí enseña que la custodia personal es confiada a los ángeles menores. Pero hay también una custodia general. Mientras más importante es un agente, su oficio es más universal. De ahí que al Arcángel, príncipe de los ángeles, se le confíe una misión de alcance más universal (36).

La liturgia -que convierte en oración la doctrina de la Iglesia- expresa en sus textos esta peculiar custodia del Arcángel. “He aquí que Miguel, uno de los príncipes principales, vino en mi ayuda”, canta en una de sus antífonas del Oficio (37). Y lo invoca principalmente como Patrono de la Iglesia militante en su lucha contra el enemigo infernal. “Miguel Arcángel -rezaba el Oficio- ven en ayuida del pueblo de Dios (38) . En las Preces de Laudes del actual Oficio se ruega a Dios que envíe a Miguel, gran príncipe, en ayuda de su pueblo, para que lo defienda en la lucha contra Satanás y sus ángeles. Asimismo el Ritual Romano conoce un rito de bendición e imposición del escapulario de San Miguel Arcángel en el que pide a Dios se digne defender a su Iglesia contra las insidias diabólicas por medio de San Miguel, de al modo que los que reciban ese escapulario, fortalecidos con el auxilio del Arcángel, sean capaces de superar a los enemigos del alma y del cuerpo en esta vida y en el trance de la muerte. El mismo Ritual incluye un vibrante exorcismo contra Satanás y los ángeles apóstatas, en el que Mikael ocupa un lugar sobresaliente(39). Este texto deprecatorio-impetratorio constituye la expresión ritual de lo que caracteriza una de las acciones más importantes de la Iglesia: la lucha contra Satanás en cada alma y en todos los espacios y los tiempos. Mientras prosiga la lucha de la Iglesia -que no puede abdicar de su esencial militancia- la guardia de San Miguel no se desvanecerá.

Hay un hecho en la historia que corrobora la creencia secular que mantiene la Iglesia sobre el apoyo militante de San Miguel. Me refiero a la vocación guerrero-religiosa de Santa Juana de Arco en cuyo origen se encuentra precisamente nuestro Arcángel. A los 13 años la doncella de Orleans oyó por vez primera la voz de San Miguel, el cual se le seguiría manifestando con frecuencia. Poco a poco estas voces prepararon en ella ese estado de exaltación patriótica al que llegó tres años más tarde. No fue primero la exaltación que las voces. Al comienzo “las voces” no le hablaron de su misión específica, sino que, más bien se limitaron a sugerirle píos consejos (ir a la Iglesia, etc.). Luego le fueron paulatinamente revelando esa misión. Rodeado de ángeles, se le apareció Miguel: “lo veía como os veo a vosotros” (40). “El Ángel le expresó la piedad que sentía por el reino de Francia” y la necesidad de una restauración. Pero “yo soy una pobre niña, no sé subir a caballo, ni hacer la guerra”. Las voces -haciendo caso omiso de sus objeciones- le indicaron dónde encontraría la espada, una vieja espada: estaba enterrada frente al altar mayor de una antigua iglesia. “Dios lo quiere, Dios lo ordena”, insistía la voz. Hasta que al fin Juana se decidió y abrazó su nueva vocación con ardor apasionado. “Me mandan hacer la guerra para recobrar el reino de Francia”. Sus jóvenes 17 años no significaron obstáculo alguno para la lucha. En medio de una multitud de rudos soldados, guerreaba Con denuedo para obedecer la voluntad de Dios. El Ángel la fue guiando en sus campañas, e incluso la protegió durante las cruentas cargas, en las que la doncella de Orleans iba adelante, abriendo brechas. Juana de Arco es una imagen encarnada de la secular lucha que, bajo la protección de San Miguel, debe librar sin descanso la Iglesia.

Siempre San Miguel seguirá siendo Quién como Dios. Desde el fondo de los infiernos, Satanás tiembla ante este nombre que le recuerda la noble protesta con que ese radiante espíritu recibió la tentativa de rebelión de los ángeles felones. Sin cesar la Iglesia exaltará “las muchas hazañas de Miguel Arcángel quien, fuerte en el combate, logró la victoria” (41)

Nada mejor para cerrar este apartado que lo que dice San Lorenzo Justiniano en un sermón que el P. Ribadaneira incluye en su “Leyenda de Oro”, en la columna correspondiente al día 29 de septiembre: “Honremos en el Señor a nuestros ciudadanos y ayudadores fidelísimos y capitanes esforzados en nuestra milicia; y pues nos ayudan, ayudémosles nosotros para que ellos mejor nos puedan ayudar y no se pierda el fruto de sus trabajos…Y puesto caso que debemos honrar a todos los soldados del cielo, pero más particularmente al glorioso San Miguel, como a caudillo y capitán de todos, reverenciémosle por la gracia soberana, por la prerrogativa singular, por el oficio que le han encargado, por la fortaleza invencible, por la benevolencia del Señor que le crió, y por la constancia con que le sirvió en aquella tan reñida batalla que tuvo con el dragón infernal y con todos sus secuaces. Porque no sin causa la santa Iglesia le honra, porque conoce que es su particular y propio defensor, y continuo intercesor y príncipe de la corte celestial, y el que acoge y recibe en su seno con gran caridad todas las ánimas de los escogidos del Señor”.


(16) Cf. S.Cleme nte. I Corintios 39,1; Clemente de Alejandría, Stromata VI, 17; VII, 2; Orígenes In Genesim 9,3; S.B
asilio In Isaiam 10; S. Juan Crisóstomo, In Colosenses 3,3; S.Hilario, In Ps. 129,7; S. Agustín In Ps. 88,3, etc.

(17) Quizá sea también Mikael el ángel prometido por Dios para ir delante de su pueblo y conducirlo a la tierrra de Canaán; cf. Ex.23,20 ss.

(18) Cf. Semejansas en Ap. 10,5-6,12;22,11.

(19) Cuando el demonio se hincha en su soberbia, jamás llega a aparecer como algo grande, sino como un monstruo. Su color es el rojo fuego, en referencia, por un lado, al fuego del infierno, y por otro, a la sangre que el homicida está derramando desde el principio (cf. Jo. 8,44). Se nos manifiesta aquí la esencia del ser de Satanás: su ridícula aspiración por igualar a Dios en su grandeza sólo le proporciona falta de armonía.

(20) Personajes y acciones se corresponde. Eva – María (o la Iglesia), Serpiente – Dragón, Mujer y su descendencia y Dragón y su descendencia (se puede interpretar como descendencia del Dragón las dos Bestias de Ap. 13 ss.). El hijo varón del Apocalipsis corresponde al hijo Mesías del protoevangelio. Los dolores y gemidos de parto son prometidos a Eva, y los tiene la mujer del Apocalipsis; la actitud del Dragón frente a la Mujer con la intención de devorar al hijoes idéntica a la que se expresa en el texto griego de Gen. 3.15.

21) Cf. Sobre todo esto S.Birngruber, El Apocalispis de San Juan, Ed. Rialp, Madrid 1966, pp 174-181.


(22) Cf. Divo Barsotti, Meditazione sull ´Apocalisse, Ed. Queriniana, Brescia 1966, pp 178-193. El P. Castellani sostiene sin embargo, que nuestro texto no se refiere a una presunta lucha inicial, prehistórica, sino al combate parusíaco: cf. El Paokalypsis, Buenos Aires, 1963, pp.166-169 .

(23) Obras de San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, lib.II, hom.14 (34) ed. BAC, Madrid, 1958, p.716; texto citado en el nuevo Oficio del 28 de septiembre, lectio altera.

(24) Cf. También el Libr de Henoc, cap. X, 11-12: “Dijo el Señor a Miguel: Ve, encadena a Semyaza y a sus compañeros…Encadenados por 70 generaciones sobre las colinas de la tierra hasta el día de su juicio….el juicio eterno”.

(25) Para una interpretación detalada de Ap. 12, cf. LCerfaux-J, Cambier, L´Apocalypse de Saint Jean lue aux chretiens, Ed. du Cerf., Paris, 1955, pp.102-115.

(26) Santo Tomás, In Job 40, lectio III c,finem.

(27) Cf. Antífona 2da. ad I Visp. del Oficio vigente hasta la actual reforma; ibid. Antífona post 1ra. lectura del I Nocturno: “Se hizo silencio en el cielo, mientras perduraba la guerra entre el Dragón y Miguel Arcángel. Se oyó una voz de miles de millares que decía: Salud, honor y poder al omnipotente Dios…”

(28) Cf. 2da estrofa del Himno ad Officium lectionis. Puede verse también los antiguos textos del Oficio de San Miguel, que durante siglos se rezó en la “Sagra S.Michele”; en ellos se pide al Arcángel “bellator invictíssime” que venció al dragón de toda soberbia (“al dragón pésimo y a sus ángeles apóstatas”) arrojándolo a los tártaros, que lo siga repeliendo, y que con su espada de ángel devastador nos defienda de todo mal: cf. J. Lemarié, en Textes liturgiques concernant le culte de S. Michel, en Sacrtis Erudiri (XIV) 1963, pp.278-279

(29) Cf. M. García Cordero, Teología de la Biblia, Nuevo Testamento, ed. BAC, Madridad, 1972, pp. 43-44.

(30) Cf. P.Prat, La théologgie de Saint Paul, París 1930, pp.98; comentado por D.Esteban Bettencourt, La Vida que comienza con la muerte, Ed. Fundación Pérez Companc, Buenos Aires, 1973, pp. 325,327-328.

(31) Cf. M.García Cordero, Teología de la Biblia, Nuevo Testamento, ed. BAC, Madrid, 1972, p.44

32) Comm. Ad II Thes. N.46.

(33) Cf. También el Libro de Henoc cap.XX,5: “Miguel, uno de los santos ángeles, prepuestos a los mejores de entre los hombres, para la custodia del pueblo”.

(34) In Isaiam 10, mº

(35) Esta idea ya se puede encontrar en el antiguo libro de El Pastor de Hermas. En la Similitud 8,3,3 se describe un gran sauce con muchas ramas, que representa la ley de Dios promulgada al mundo entero; esa ley es el Hijo de Dios, que ha sido predicado hasta los confines de la tierra; la gente que se guarece a su abrigo son los que han oído la predicación y han creído en Él. “El ángel grande y glorioso es Miguel, que tiene potestad sobre este pueblo y lo gobierna. Porque éste es el que pone su ley en el corazón de los que creen y, por tanto, Él examina a aquellos a quienes se la dio, a ver si la han observado”: Padres Apostólicos, ed. BAC, Madrid 1965, p.1037. Es cierto que Miguel juega acá el mismo papel que el Hijo de Dios en otro lugar del Pastor. Uno de los rasgos característicos de la teología arcaica y judeo-cristiana es el empleo de categorías tomadas del vocabulario de la angeología para designar al Verbo y al Espíritu Santo. “Ángel” es uno de los nombres que se daba a Cristo hasta el siglo IV. Ya el A.T. atribuía al “Ángel de Yahvé” las manifestaciones de Dios. Los cristianos apropiaron estas teofanías al Verbo. En el Pastor, el Verbo es llamado “ángel glorioso”; cf. Visión V,1; y en Sim. VIII, 1,3 el Verbo es designado por Miguel, según toda probabilidad. Quizá esta atribución se deba al hecho de que en la tradición judía Miguel era considerado como el jefe de los arcángeles y el príncipe de todas las milicias celestiales . En el texto del Pastor que hemos traído a colación Miguel ejerce dos funciones: gobierna al pueblo y promulga la ley (en el A.T. los ángeles gobernaban al pueblo preparando el gobierno más directo del Verbo Encarnado , y habían dado la ley como ministros de Dios). Para todo esto cf. J.Danielou, Trinité et angelologie d.Sc.Rel. dans la théologie judéo-chrétienne, en Rech (XLV) 1957,5-16. Cf. También, del mismo autor, Théologie du judéo-christianisme, Tournai, 1958, pp171-177.

(36) Cf. Summ.Theol. I,113,3.c.

(37) Antífona ad Tertiam del actual Oficio. Ver también antífona ad Magnificat del Oficio en vigor hasta la última reforma..

(38) Antífona 4ª del Nocturno II del Oficio en vigor hasta la última reforma.

(39) Transcribimos sus párrafos salientes;

Oración.”Oh Príncipe gloriosísimo de la milicia celestial, san Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla contra los príncipes y potestades, contra los que rigen el mundo de las tinieblas, contra los poderes celestiales de la maldad. Ven en auxilio de los hombres a los que Dios hizo a imagen de su similitud y, por un alto precio, rescató de la tiranía del diablo. La Santa Iglesia te venera como su custodio y patrono; a ti el Señor te confió conducir las almas de los redimidos a la suprema felicidad. Suplica al Señor de la paz para que ponga a Satanás bajo nuestros pies, de modo que, en adelante, no logre mantener cautivos a los hombres y dañar a la Iglesia. Ofrece nuestras preces en presencia del Altísimo, para que pronto se nos anticipen las misericordias del Señor, y captures al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo arrojes atado al abismo, de modo que no seduzca más a las naciones”.
Exorcismo. “En nombre de Jesucristo, Dios y Señor nuestro, por intercesión de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, de San Miguel Arcángel, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos y confiados en la sagrada autoridad de nuestro ministerio, nos lanzamos Copn seguridad a repeler las embestidas del diabólico engaño…Por tanto, dragón maldito y toda tu legión diabólica, te adjuramos por Dios vivo, por Dios verdadero, por Dios santo, por Dios que tanto amó al mundo que le dio a su Hijo unigénito para que todo el que cree en Él no perezca sino que tenga la vida eterna; deja de engañar a las creaturas humanas, y de darles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de tenderle trampas a su libertad. Da lugar a Cristo, en quien nada encontraste de tus obras; da lugar a la Iglesia una, santa, católica y apostólica, a la que el mismo Cristo adquirió con su sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios; tiembla y huiye, ya que hemos invocado el santo y terrible nombre de Jesús, ante el cual tiemblan los infiernos, al que las Virtudes de los cielos y las Potestades y Dominaciones están sujetas; a quien Querubines y Serafines con sus voces incesantes alaban diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos…”
(40) 4ª audiencia del Proceso.

(41) Antífona 9ª de Maitines del Oficio en vigor hasta la última reforma.


Tomado de San Miguel el Arcángel de Dios - Ediciones Mikael 1976

martes, 22 de septiembre de 2009

Corona de San Miguel






CORONA ANGELICA EN HONOR DE SAN MIGUEL ARCANGEL


- Dios mío ven en mi auxilio.
- Apresúrate Señor a socorrerme
- Gloria al Padre, etc.






PRIMERA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Serafines, enciende en nuestros corazones la llama de la perfecta caridad. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.



SEGUNDA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Querubines, dígnate darnos tu gracia para que cada día aborrezcamos más el pecado y corramos con mayor decisión por el camino de la santidad. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




TERCERA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Tronos, derrama en nuestras almas el espíritu de la verdadera humildad. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




CUARTA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Dominaciones, daños señorío sobre nuestros sentidos de modo que no nos dejemos dominar por las malas inclinaciones. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




QUINTA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de Principados, infunde en nuestro interior el espíritu de obediencia. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




SEXTA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Potestades, dígnate proteger nuestras almas contra las asechanzas y tentaciones del demonio. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




SEPTIMA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de las Virtudes, no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal . Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.




OCTAVA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Arcángeles, concédenos el don de la perseverancia en la fe y buenas obras de modo que podamos llegar a la gloria del cielo. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.



NOVENA SALUTACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, por la intercesión de San Miguel Arcángel y del coro celestial de los Ángeles, dígnate darnos la gracia de que nos custodien durante esta vida mortal y luego nos conduzcan al Paraíso. Amén.

Padre nuestro – Ave María – Gloria.


Antífona. Glorioso San Miguel, caudillo y príncipe de los ejércitos celestiales, fiel custodio de las almas, vencedor de los espíritus rebeldes, familiar de la casa de Dios, nuestro admirable guía después de Jesucristo, de sobrehumana excelencia y virtud, dígnate librar de todo mal a cuantos confiadamente recurrimos a ti y haz que mediante tu incomparable protección adelantemos todos los días en el santo servicio de Dios.

- Ruega por nosotros, glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.

- Para que seamos dignos de alcanzar sus promesas.


ORACION


Todopoderoso y Sempiterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia a favor de la común salvación de los hombres, escogiste por Príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel, te suplicamos nos hagas dignos de ser librados por su poderosa protección de todos nuestros enemigos de modo que en la hora de la muerte ninguno de ellos logre perturbarnos y podamos ser por él mismo introducidos en la mansión celestial para contemplar eternamente tu augusta y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


lunes, 21 de septiembre de 2009

San Miguel el Arcángel de Dios (2)

San Miguel el Arcángel de Dios

Por el P. Alfredo Sáenz S.J.

I. MIKAEL, EL CONTEMPLADOR

Si recurrimos a los datos que nos ofrecen la teología y la liturgia, San Miguel se nos presenta, ante todo, como el ángel que está en la presencia de Dios, el ángel de la trascendencia, de la adoración.


1. Angel de la alabanza

En realidad todos los ángeles están dedicados a la alabanza, al canto del Trisagio eterno. Pero, al parecer, algunos de entre ellos se destacan en esta sagrada ocupación. La Tradición ha incluido ordinariamente a San Miguel en el coro de los siete ángeles que, según la Escritura, están siempre delante del Señor (cf. Tob. 12,15; Ap. 1,4; 5,6; 8,2). Mikael es presentado como Angel de la Faz, el corifeo de los que cantan la gloria de Dios.

En un antiguo Oficio Divino dedicado al Arcángel leemos: “Asiduamente estás ante el Señor, y nunca desistes de contemplar su rostro, en el que indeciblemente gozas y te sacias. Por lo que, con las beatísimas legiones de los ángeles a ti sometidos, alabas sin descanso al Rey de la gloria celestial” (8). De ahí que, como reza una antífona litúrgica “apareciste glorioso en la presencia del Señor, y el Señor te vistió de belleza” (9)

Los textos del Oficio de San Miguel exhortan a los cristianos a tomar parte en la “laudatio” del Arcángel, alternando alabanzas con los coros de los ángeles (10). Más aún, nuestra alabanza es considerada como una participación anticipada en la felicidad de los ángeles y sobre todo como una “reparación” por el alejamiento de los ángeles rebeldes, en cuanto que estamos destinados a llenar el vacío que su defección ha dejado en “la asamblea festiva” que alaba al Señor. Es el retorno de la oveja perdida al rebaño de las noventa y nueve ovejas justas al rebaño angélico. Del que Mikael es corifeo.

2. Ángel turiferario

En el marco de esta función general de alabanza, San Miguel es caracterizado como el ángel del incienso. La liturgia del Oficio le aplica aquellas palabras que se leen en Ap. 8, 2-4: “Vi siete ángeles que estaban en pie delante de Dios, a los cuales fueron dadas siete trompetas. Llegó otro ángel y púsose en pie junto al altar con un incensario de oro, y fuéronle dados muchos perfumes para unirlos a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que está delante del trono. El humo de los perfumes subió, con las oraciones de los santos, de la mano del ángel a la presencia de Dios (11).

Asimismo cuando se bendice el incienso en la Misa Solemne, la liturgia recurre a nuestro ángel: “Por la intercesión de San Miguel Arcángel, que está de pie a la derecha del altar del incienso y de todos sus elegidos, dígnese el Señor bendecir este incienso y recibirlo en olor de suavidad.” (12)

3. Ángel Intercesor

Mikael con el turíbulo de la alabanza en sus manos, no agota la totalidad de su misión. La liturtgia pide que, sin detrimento de su contemplación adorante en el cielo, no deje de ayudarnos a nosotros que estamos en la tierra (13). Lo llama “perpetuo interventor delante de Dios a favor nuestro, quien, sin dejar de orar, nos protege siempre” (14)

Por eso la Iglesia lo invoca como su intercesor junto a Dios. Y en el rito de la Misa de S.Pío V lo nombra especialmente cuando, en el “Yo pecador”, se hace la confesión de los pecados a Dios, a la Virgen, a los Santos y luego se ruega su intercesión (15). La Iglesia ha retomado este tema cuando, en el día de la fiesta de San Miguel, dice en la oración sobre las ofrendas: “Te ofrecemos Señor este sacrificio de alabanza y te suplicamos humildemente que sea llevado ante tu presencia por el ministerio de tus santos ángeles, y lo aceptes con bondad para que nos obtenga la salvación eterna”. Acá la intervención angélica se hace eucarística: tomar la ofrenda de la Misa y presentarla ante el Señor. Es lo mismo que se pide en aquella oración del Canon Romano que sigue a la consagración, donde se ruega a Dios que envíe a su santo ángel para que lleve hasta el altar celestial la ofrenda del altar, la ofrenda de la Iglesia que une su ofertorio al de Cristo, Víctima Suprema.

Los ángeles no agotan, pues, su cometido, en la sola adoración. Se preocupan también por la obra redentora. Acompañaron primero al Verbo que descendió al mundo para salvarlo. David había predicho (cf. Ps. 96,8; Hbr. 1,6) que la llegada del Emmanuel sería saludada por los santos ángeles y que lo adorarían humildemente en el momento en que manifestara su presencia entre los hombres, profecía que se cumplió en Belén, en los conciertos angélicos que convocaron a los pastores. Asimismo en la resurrección de Jesús intervino un ángel resplandeciente para sacar la piedra, y anunció a las mueres que el Señor había resucitado. Y al fin de la estadía de Cristo entre nosotros rodearon la nube de la Ascensión. Es decir que los ángeles tomaron parte en la obra salvadora de Cristo. Y siguen interviniendo en el tiempo de la Iglesia, especialmente intercediendo por nosotros, y de modo peculiar llevando hasta el cielo las necesidades de los hombres, sobre todo la participación de la Iglesia en el Sacrificio de Cristo. Al mismo tiempo que contemplan, sin intermitencias, el rostro de Dios, no dejan de ayudar a los hombre indigentes. Unen admirablemente la contemplación y la acción.

Vamos a considerar cómo San Miguel lo hace de manera eminente.

(8) Cf. J.Lemarié, en Textes litiurgiques concernant le culte de S. Michel, en Sacris Erudiri (XIV) 1963, 278.

(9) Cf. antífona 6a. del II Nocturno del Oficio en vigor hasta la última reforma.

(10) Cf. Himno de Laudes den Nuevo Oficio: “A Tí, Cristo esplendor del Padre, -vida y fuerza de los corazones, - en presencia de los ángeles - te cantamos con el deseo y con la voz: - entonando alternadamente – entregamos nuestras voces a la alabanza
(11) Cf. antífona post 2ª lectura del Nocturno del Oficio de San Miguel en vigor hasta la última reforma: asimismo la antífona 8va. Y la antífona 1ra. de I Vísperas; cf. también el Ofertorio de la Antigua Misa de la aparición de San Miguel el 8 de mayo.
.
(12) Se piensa, sin duda, en el ángel innominado de Ap. 8,3-4. Cf. también una estrofa de la Hermosa secuencia en honor de San Miguel que se encuentra en la abadía de Saint-Gall, compuesta por el célebre monje Norker, en el siglo IX “Quo post bella –Michaelis inclyta – Nostra Deo sin accepta – Aurea super aram – Thymiamata”: “Dígnese el Señor, tras los valientes combates que Miguel debe aún sostener, aceptar nuestro incienso sobre el altar de oro.”

(13) Cf. la oración en la Misa de San Miguel, el 29 de septiembre.

(14) Cf. Oficio de San Miguel conservado en la Sagra S. Michele; lo trae J. Lemarié, en Textes Liturgiques concernant le culte de S.Michel, en Sacris Erudiri (XIV) 1963, 278-279.

(15) La Iglesia se muestra acá heredera de una larga tradición. Ya entre los judíos, el ángel Miguel era considerado como quien cada día ofrecía a Dios las almas justas sobre el altar de la Jerusalén celestial; Cf. Chagigah, 11b; Menachoth, 10ª. Y en la descripción que el Talmud ofrece de los cielos, ubica en el cuarto cielo la Jerusalén celestial y el Templo en que Miguel ofrece un sacrificio cotidiano; cf. Introducción a la Ascensión d´Isaie, Paris 1909, p. 16. El Libro de Henoc pinta un conflicto eterno entre los justos y los malvados. Los malos triunfan sobre la tierra, persiguen a los justos, los devoran. Pero es un triunfo aparente. El Señor se vengará por medio del Mesías, pero con la ayuda de los ángeles (en particular de Miguel) quienes velan sobre los buenos y transmiten sus quejas al Altísimo: “Entonces, Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel miraron de lo alto del cielo y vieron la sangre que se derramaba con abundancia sobre la tierra. Y se dijeron uno a otro: Con la voz de su clamor la tierra desolada clama hasta las puertas del cielo…Esas almas dicen: Llevad nuestra causa hasta el Altísimo”; cf. Libro de Henoc, cap. IX, 1-3, “Y sucedió que cuando Miguel estaba de pie ante el Señor de los espíritus, dijo a Rafael: “Yo no estaré a favor de ellos (de los malos) a los ojos del Señor, porque el Señor de los espíritus se ha irritado contra ellos, pues obraron como si ellos fueran el Señor”; ib. Cap.68,4 Miguel aparece así, como un intermediario entre Dios y los hombres, ofreciendo al Señor las oraciones de los justos.
Tomado de San Miguel el Arcángel de Dios, Ediciones Mikael, 1976

sábado, 19 de septiembre de 2009

En el mes de nuestro santo patrono San Miguel Arcangel


SAN MIGUEL EL ARCANGEL DE DIOS (1)

Por el P. Alfredo Saenz S.A.

El nombre de nuestra Revista (*) no fue elegido al azar. Porque pensamos que a MIKAEL o sea al Arcángel San Miguel, le compete un papel preponderante en los tiempos que vivimos. Tratemos, pues, de desentrañar, a la luz de la Escritura, de la historia, del arte, de la liturgia y de la piedad popular cual es el oficio peculiar que Mikael desempeña en la economía de la salvación.

Originariamente Mika´èl em hebrero, los giregos lo llaman Mikael en la versión de los “Setenta”, y la traducción latina de la Vulgata lo denominó Michael. Su figura, cuyo bosquejo comienza a delinearse en la Escritura, recibió ribetes populares en los escritos apócrifos anteriores a Cristo[1], pudiendo advertirse cómo, ya en la época de Jesús, Mikael era generalmente considerado como un gran personaje: patrono de Israel, encargado de dirigirlo y defenderlo; jefe de los ángeles y caudillo de los ejércitos del Señor; revelador de los misterios divinos; psicopompo que acompaña a las almas para conducirlas a la presencia del Dios(2)

La Iglesia, desde la primera generación cristiana, recogió en su seno esta preciosa herencia. En Oriente, Constantino erigió cerca de la nueva capital que había hecho edificar, Constantinopla, un célebre santuario que llamó “Michaelion”, cuya dedicación se celebraba el 9 de junio, templo famoso porque allí, según la tradición, el Emperador había sido visitado y curado milagrosamente por San Miguel. Más aún, según las leyendas de los griegos, ya en el primer siglo del cristianismo San Miguel había salvado milagrosamente de la destrucción, intentada por los paganos, a un templo suyo situado en la actual ciudad de Khonas. Asimismo atribuían a su intervención milagrosa el origen de varios manantiales de aguas medicinales, honrándolo como a Médico celestial. Lo cierto es que cuando Constantinopla cayó bajo el dominio de los turcos existían en esa ciudad no menos de quince iglesias consagradas a San Miguel.

El Occidente conoció desde muy temprano, templos y fiestas en honor del Arcángel. Una basílica suya se levantaba sobre la Vía Salaria en Roma. El santuario de “Monte Gargano”, cerca de la ciudad de Nápoles, fue celebérrimo en todo Occidente por la aparición de San Miguel ocurrida a fines del siglo V. (3) En Roma, el Papa Bonifacio IV (611-615) edificó sobre la “Moles Hadriani” (hoy llamado Castel Sant´Angelo”) un templo en honor a San Miguel; y allí mismo, según la tradición, se apareció en 950 el Arcángel para poner fin a un pestilencia que asolaba la ciudad. Celebérrimo fue también, desde principios de la Edad Media, el santuario de “Mont Saint-Michel”, en Normandía donde el Arcángel se apareció a S. Auberto, obispo de Avranchez (4) Navarra consideró como una tradición muy venerable la aparición de San Miguel al caballero penitente don Teodosio de Goñi, en el siglo VIII, sobre la montaña de Aralar. En Alemania, ya desde los tiempos de San Bonifacio, muchos montes estaban coronados de santuarios o capillas dedicados a San Miguel (5). En Italia sobresale la “Sagra San Michele” o “San Michele della Clusa” a 30 kilómetros de Turín (6)



Abadía de San Michele della Clusa


Asimismo el arte cristiano mostró sus preferencias por la admirable figura del Arcángel y lo hizo objeto de frecuente inspiración. Sinnúmeras imágenes suyas eran encargadas para iglesias, banderas, escudos, corporaciones, etc. Generalmente lo representó en hábito guerrero, cubierto de armas, blandiendo la espada o la lanza amenazante, y en actitud de hollar con sus pies al dragón infernal. Esta iconografía que cubre no pocos siglos de historia, llegó también a nuestra tierra, encontrando un lugar preferencial en el arte de las reducciones guaraníticas. Además el arte tradicional acostumbró representarlo en el atrio del las iglesias –especialmente en las catedrales medievales- teniendo en sus manos una balanza en la que pesa las almas de los difuntos, junto a él, solía representarse al demonio intentando inclinar la balanza a su favor (7). En honor del Arcángel nos quedan, también, hermosos himnos que se encuentran, principalmente en el Oficio Divino. Varios de ellos pertenecen a Rabano Mauro, abad de Fulda.



Mont Saint Michelle

(*) El autor se refiere a "Mikael" Revista del Seminario de Paraná (Excelente publicación doctrinal y teológica dirigida por el Pbro. Lic. Silvestre C. Paúl, Rector del Seminario Arquidiocesano de Paraná, que se publicara entre 1973 y 1983 y en la que el P. Sáenz integrara el Consejo de Redacción.

[1] Para poner un ejemplo, el Libro de Henoc, el más extendido e influyente en la época el Antiguo Testamento, describe a Miguel como jefe de los ángeles, el que explica los misteriosos juicios de Dios, el que presenta a Henoc ante el Señor, el que arroja a Satanás y a los suyos al infierno

(2) Cf.G.Bonsirven, Il Giudaismo Palestinense al tempo di Gesú Cristo, Ed. Marietti, Tornino-Roma, 1950, p-30.
(3) Su fiesta era el 8 de mayo, fecha en la que se conmemoraba una victoria que, por intercesión del Arcángel obtuvieron los lombardos en el año 663.

(4) Por influjo de ese santuario San Miguel llegó a ser considerado Patrono de Francia. Su fiesta, el 16 de Octubre era solemne y de precepto en toda la Normandía.

(5) Débense al mismo San Bonifacio, quien se valió de este medio para desterrar el culto pagano de Wotan, el dios guerrero de los antiguos germanos.

(6) J.Lemarié, en Textes Liturgiques concernant le culte de S. Michel en Sacris Erudiri (XIV) 1963, 277 ss, transcribe preciosas oraciones que se encuentran en el Oficio del 29 de septiembre, propio de ese monumental monasterio. “O venerado arcángel Miguel -dice uno de estos textos – glorioso príncipe de la milicia celestial, no encontramos palabras para exaltar como corresponde tu grandeza…Porque sólo Cristo Dios conoce perfectamente tu innegable grandeza, Él, quien al principio te creó para alabanza y gloria de su nombre y te dio la magnífica excelencia de tu esplendor…” En el mismo artículo cita Lemarié el texto de la “legenda” de la “Sagra”, puesta en relación con los otros dos grandes santuarios de Occidente: Monte Gárgano y Mont- Saint Michel. “En las fronteras occidentales del orbe -dice- el arcángel del Señor se reservó tres lugares peculiares, que brillan con gran esplendor: el primero es el monte Gárgano, conocido en todo el mundo; el segundo, junto al océano, llamado “ad maris periculum”, el tercero, puesto sobre esta cumbre…Con razón se ha elegido zonas elevadas, evitando los contagios humanos, aquél de quien se escribe que mientras el Buen Pastor buscaba la oveja perdida en compañía de las otras cohortes angélicas, permanecía solitario en los montes, donde se contempla más de cerca la divina majestad….” P. 281

(7) Más adelante analizaremos el fundamento teológico de esta imaginería.

Tomado de San Miguel el Arcángel de Dios Ediciones-Mikael

lunes, 14 de septiembre de 2009

La voz de un auténtico Pastor (8)





LA CULTURA DEL BOLICHE,RUINA DE LA JUVENTUD

Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”
(Sábado 12 de septiembre de 2009)


“Periódicamente somos conmovidos por noticias atroces acerca de lo que ocurre a la salida de los boliches, y aún adentro, casi todas las semanas”.

“Sin dudas que los casos de peleas que acaban, a veces, en muertes se enmarcan en una situación mayor y más grave: la de la violencia juvenil en general, pero hoy quiero referirme a lo que ocurre en las “disco”.

“Se está intentando, en las últimas semanas, de poner un cierto límite al horario. Se discute acerca de cómo es posible que se pueda conseguir alcohol tan fácilmente, no sólo dentro de un boliche sino en la famosa “previa”. Se advierte también que muchas veces esta “previa” se realiza en las casas de familia. Es decir que, en las propias casas, los chicos se emborrachan antes de pasar una noche muy alegre en el lugar donde bailan”.

“Todo esto implica un fenómeno cultural muy serio que debe preocupar a los educadores y a las familias. Y aquí hay muchas responsabilidades en juego”.

“Cuando se trata, por ejemplo, de limitar el horario de las discotecas se habla de las cinco y media de la mañana como si eso fuera tan tarde o tan temprano (porque ya no sabemos a esa hora qué hay que decir). No se piensa qué significa que un chico o una chica pasen toda la noche en vela y aún, prolonguen el horario del boliche hasta el mediodía el día siguiente. Si el día siguiente es el domingo, no existe prácticamente porque lo pasan durmiendo”.

“Los padres de familia tendrían que ser los primeros interesados en ver qué pasa en el fin de semana de sus hijos. La mesa familiar del domingo ha desaparecido, por no hablar de la misa. Aún cuando el chico se levanta a las seis de la tarde después de haber dormido la mona, y va a misa a las siete o a las ocho, ¿qué domingo ha vivido? ¿Es eso el día del Señor?”

“Las autoridades intentan de algún modo negociar con los dueños de las discotecas. Intento vano de convencer a mercaderes sin alma, a los cuales les interesa muy poco que esto se resuelva. Ellos sólo miran su negocio, en el que son capaces de vender cualquier cosa. Venden alcohol, sin duda alguna y a qué precio, y también alguna cosita más, como todos sabemos”.

“Se ha producido una especie de desubicación de la autoridad educativa, sobre todo la de los padres de familia, que toman el problema con la ligereza de un adolescente, hasta que a su hijo lo muelen a palos, o lo matan”.

“Para no hablar solamente de otros “gremios”, quisiera referirme al propio. Me parece que nosotros también, los pastores de la Iglesia, tenemos algo que decir. Y debemos reconocer que en este tema nos hemos conducido con una lenidad que no puede prolongarse más”.

“No es posible emplear con los muchachos y las chicas una tolerancia indebida. Hay que hablarles con claridad. Hay que explicarles cuál es el auténtico sentido, plenamente humano, de la fiesta. De qué manera sana podrían divertirse. Es preciso ofrecerles alternativas”.

“Hay que alertarles también acerca de lo que significa la desinhibición que produce el alcohol, el ruido infernal que taladra los tímpanos, el juego de luces y la aglomeración promiscua que no permiten una vinculación auténticamente personal, un encuentro verdaderamente humano”.

“Hay que decirles a los chicos y a las chicas que no vale cualquier cosa y situaciones que al reiterarse como un rito semana tras semana van deformando su alma, la vacían del sentido trascendente que los dignifican y los esclavizan en la superficialidad”.

“En la cultura de boliche se juega algo muy profundo que tiene que ver con la vida espiritual de nuestros chicos y chicas, con la posibilidad de mantenerse en la gracia de Dios, con la pureza de la intención que se dirige hacia un futuro mejor, hacia un crecimiento auténticamente humano, hacia un crecimiento en el conocimiento y el amor de Dios”.

“Es verdad que muchos jóvenes, afortunadamente, no han sido atrapados por la siniestra cultura del boliche. Por lo tanto, no debemos generalizar. Sin embargo, son muchos de los hijos de nuestras familias, son los chicos de nuestras parroquias, son los alumnos de nuestros colegios católicos, muchos de ellos, los que pasan el fin de semana en esos antros de perdición. Uso deliberadamente este término melodramático para llamar la atención sobre este caso de decadencia cultural en el cual se hunden las virtudes, el sentido del bien y la belleza y a veces la misma vida, tan preciosa, de muchos jóvenes”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Tomado de AICA

sábado, 12 de septiembre de 2009

Mes de Septiembre en honor de los Santos Angeles


Este mes de septiembre está dedicado a honrar a los Santos Ángeles, ya que en él se celebra la gran festividad de san Miguel Arcángel, originalmente dedicada a todos los bienaventurados espíritus celestiales (como se puede ver por la colecta de la misa del 29 de septiembre). Ya el Credo asegura su existencia. Así, en el Símbolo niceno-constantinopolitano rezamos: “Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem, factorem clei et terrae, visibilium ómnium et invisibilium” (Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible). En la Biblia aparecen los espíritus angélicos del principio al fin, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Se nos presentan como mensajeros de Dios, encargados de importantes misiones en orden a la economía de salvación y auxiliadores de los hombres.


San Miguel Arcángel

Un ángel se aparece a Abraham para impedirle sacrificar a su hijo Isaac; dos visitan en Sodoma a Lot para advertirle que huya de la ciudad destinada a la destrucción; Jacob ve una escala por la que ascienden y descienden del cielo los ángeles de Dios; el arcángel Miguel se muestra a Josué ante Jericó y es señalado por el profeta Daniel como el protector del pueblo de Israel; el arcángel Gabriel se aparece al mismo profeta para revelarle los misterios de los últimos tiempos; el arcángel Rafael acompaña y protege al joven Tobías en sus vicisitudes; el Evangelio de san Lucas habla de la embajada del arcángel Gabriel a la Santísima Virgen; los ángeles aparecen sirviendo a Jesús después de sus tentaciones en el desierto; otro ángel le consuela en la agonía de Getsemaní; dos ángeles anuncian la Resurrección a las pías mujeres; otros dos anuncian a los discípulos la Parusía después de la Ascensión de Cristo; un ángel libera a san Pedro de su prisión; en el Apocalipsis aparecen precediendo la Segunda Venida de Cristo y acompañándole en santas miríadas en su triunfo sobre el Anticristo, la Bestia y sus secuaces.


San Gabriel Arcángel

¿Cuál es la naturaleza de los ángeles? Son puros espíritus, dotados de entendimiento y voluntad. Pero a diferencia de nosotros los seres humanos, no conocen discursivamente sino por inmediatamente por intuición. Su voluntad es asimismo mucho más perfecta que la nuestra. Una vez que han formado una intención la ponen en acto sin marcha atrás y sin desistimiento. Cada ángel es único y constituye una especie en sí misma. Evidentemente, no estando dotados de cuerpo material, no tienen forma ni sexo, aunque al manifestarse a los hombres adquieren forma humana para que puedan éstos percibir por los sentidos lo que Dios quiere comunicarles por medio de sus mensajeros. Los ángeles ejercen poder sobre las cosas materiales y las fuerzas de la naturaleza por su pura acción espiritual.



San Rafael Arcángel


Los ángeles tienen su propia historia, que viene a ser como nuestra “prehistoria espiritual”. Antes de la creación material, Dios produjo de la nada millones y millones de espíritus para su mayor gloria y su servicio. Estableció entre ellos una jerarquía de tres órdenes divididos en nueve coros. El primer orden fue dedicado a Dios Padre, constando de tres jerarquías: serafines, querubines y tronos; el segundo orden fue dedicado a Dios Hijo, estando compuesto de otras tres jerarquías: dominaciones, potestades y virtudes; el tercer orden, en fin, fue dedicado al Espíritu Santo y quedó conformado de otras tres jerarquías: los principados, los arcángeles y los ángeles. Se cree que Dios sometió a sus ángeles a una prueba (algunos sostienen que se trató de la revelación de la creación del hombre). El más hermoso de los serafines, llamado Luzbel, se rebeló contra su Creador al grito de “Non serviam!” (No obedeceré) y arrastró tras de sí a la tercera parte de los espíritus celestiales, entablándose una batalla en el cielo con los ángeles fieles capitaneados por un humilde arcángel: san Miguel, el cual respondió al soberbio serafín con la exclamación que le dio el nombre “Quis ut Deus?” (Quién como Dios?). Luzbel y sus secuaces fueron arrojados al tártaro, siendo privados de la visión de Dios por toda la eternidad. El acto volitivo de rebelión fue instantáneo y no cupo arrepentimiento. Así fue como surgieron los demonios, con Lucifer o Satanás, como su jefe.

Dios creó entonces el mundo material, haciendo rey de él al ser humano, al que creo a su imagen y semejanza, dotado de entendimiento y voluntad, aunque sometido a las limitaciones de la carne. Los hizo varón y hembra para que fueran un icono de la Trinidad. También les puso una prueba, que no superaron, pero, a diferencia de los ángeles rebeldes (cuya voluntad era inflexible y como fosilizada en el mal), les ofreció la Redención en su Hijo, que se encarnaría para salvar a la raza humana. Ciertos teólogos sostienen que Dios tiene previsto cubrir con los elegidos de entre los hombres los puestos dejados vacantes por los ángeles caídos. Éstos intentan por todos los medios tentar a aquéllos y arrastrarlos a la común condenación. Pero Dios ha dispuesto que los ángeles buenos ayuden a sus criaturas humanas a perseverar en su gracia y salvarse. Ha dispuesto un ángel guardián para cada hombre; pero además, otros ángeles protegen las naciones, las sociedades, las ciudades y las comunidades humanas. Nunca sabremos en su justa medida hasta qué punto estamos en deuda con nuestros hermanos mayores de la creación; por eso hemos de invocarlos con frecuencia, honrarlos y darles gracias por su asistencia tanto espiritual como temporal, pues no sólo nos asisten en nuestras tentaciones, sino también en nuestros peligros materiales.

El día de la semana dedicado especialmente a los Santos Ángeles es el martes. Procuremos santificarlo siempre con ejercicios de piedad, especialmente oyendo la Santa Misa en su honor y encomendando a Dios nuestras intenciones por su intermedio. En este mes de septiembre, además, dediquémonos a profundizar en la teología de los ángeles, para lo que recomendamos la lectura de un clásico: el tratado De coelesti hierarchia (Sobre la jerarquía celestial) del Pseudo-Dionisio Areopagita. Lamentablemente no se encuentra todavía en la red en su traducción castellana, pero vale la pena comprar el volumen de las Obras Completas de este autor publicado por la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC)

Texto tomado de Costumbrario Tradicional Católico